miércoles, 9 de noviembre de 2011

La crisis explicada como si de comprar y vender burros se tratase

Si te superan las explicaciones y cuestiones macroeconómicas de esta crisis galopante que nos azota, aquí tienes una explicación fácil y sencilla de un asesor financiero para la gente de a pie, que bastante tenemos con la microeconomía del hogar, entienda sus causas.

Un señor se dirigió a una aldea donde nunca había estado antes y ofreció a sus habitantes 100 euros por cada burro que le vendieran. Buena parte de la población le vendió sus animales.
Al día siguiente volvió y ofreció mejor precio, 150 por cada burrito, y otro tanto de la población vendió los suyos.
Y a continuación ofreció 300 euros y el resto de la gente vendió los últimos burros.
Al ver que no había más animales, ofreció 500 euros por cada burrito, dando a entender que los compraría a la semana siguiente, y se marchó.
Al día siguiente mandó a su ayudante con los burros que compró a la misma aldea para que ofreciera los burros a 400 euros cada uno. Ante la posible ganancia a la semana siguiente, todos los aldeanos compraron sus burros a 400 euros, y quien no tenía el dinero lo pidió prestado. De hecho, compraron todos los burros de la comarca.
Como era de esperar, este ayudante desapareció, igual que el señor, y nunca más aparecieron.
Consecuencias:
La aldea quedó llena de burros y endeudados.
Los que habían pedido prestado, al no vender los burros, no pudieron pagar el préstamo.
Quienes habían prestado dinero se quejaron al Ayuntamiento diciendo que si no cobraban, se arruinarían ellos; entonces no podrían seguir prestando y se arruinaría todo el pueblo.
Para que los prestamistas no se arruinaran, el Alcalde, en vez de dar dinero a la gente del pueblo para pagar las deudas, se lo dio a los propios prestamistas. Pero éstos, ya cobrada gran parte del dinero, sin embargo, no perdonaron las deudas a los del pueblo, que siguió igual de endeudado.
El Alcalde dilapidó el presupuesto del Ayuntamiento, el cual quedó también endeudado.
Entonces pide dinero a otros Ayuntamientos; pero estos le dicen que no pueden ayudarle porque, como está en la ruina, no podrán cobrar después lo que le presten.

El resultado:
Los listos del principio, forrados.
Los prestamistas, con sus ganancias resueltas y un montón de gente a la que seguirán cobrando lo que les prestaron más los intereses, incluso adueñándose de los ya devaluados burros con los que nunca llegarán a cubrir toda la deuda.
Mucha gente arruinada y sin burro para toda la vida.
El Ayuntamiento igualmente arruinado.

Solución:
Para solucionar el problema económico y salvar a todo el pueblo, el Ayuntamiento decidió bajar el sueldo a sus funcionarios.
¿Os suena de algo?

lunes, 7 de noviembre de 2011

Curioso documento

sábado, 5 de noviembre de 2011

el arma definitiva...


domingo, 21 de agosto de 2011

Matar de lejos...

«Quien mata de lejos lo ignora todo sobre el acto de matar. Quien mata de lejos ninguna lección extrae de la vida ni de la muerte: ni arriesga, ni se mancha las manos de sangre, ni escucha la respiración del adversario, ni lee el espanto, el valor o la indiferencia en los ojos. Quien mata de lejos no prueba su brazo ni su corazón ni su conciencia, ni crea fantasmas que luego acudirán de noche, puntuales a la cita, durante el resto de su vida. Quien mata de lejos es un bellaco que encomienda a otros la tarea sucia y terrible que le es propia. Quien mata de lejos es peor que los otros hombres, por que ignora la cólera, y el odio, y la venganza, y la pasión terrible de la carne y de la sangre en contacto con el acero; pero también ignora la piedad y el remordimiento. Por eso, quien mata de lejos no sabe lo que se pierde».
  • El sol de Breda, capítulo VI

miércoles, 17 de agosto de 2011

De ordenadores, aulas y ....


De un tiempo a esta parte en el que se comienza a mirar más que nunca el dinero gastado tontamente en el pasado, surgen, ya sea en los medios de comunicación, o por comentarios del propio pueblo llano, recetas milagrosas para dejar de vivir -como lo hacíamos- por encima de nuestras posibilidades.
Un discurso muy de moda es todo el relativo a los ordenadores en las aulas y al enorme desembolso de la administración en este sentido. Suelo estar de acuerdo, en parte, con los que critican el derroche, pero también pretendo ir un poco más allá.
Bien es verdad que habría que gastar el dinero, como apuntan muchos entendidos en la materia, en otros menesteres, empezando por más profesores (a más profesores, menos alumnos por profesor y mayor calidad en la educación, la fórmula es clara). Pero también hay que pensar en lo necesario de las tecnologías de la información y la comunicación en las aulas, claves para el desarrollo del alumno (está comprobado) y fuente inagotable de recursos a los cuales el propio alumnado puede recurrir para mejorar su aprendizaje.
De todas formas, siempre hay quien dice que este tema de las tecnologías en las aulas habría que entenderlo más como un medio que como un fin. Yo estoy de acuerdo.

martes, 2 de agosto de 2011

¿Y si no toda la culpa la tuviesen los bancos?



Hurgando en Internet, -no sólo sirve para Facebook y Tuenti- he encontrado este texto de José Luis Manzanares Japón, en el cual se exponen claramente los males pasados de nuestro país, a traves de los que nos hemos visto inmersos en la situación actual. Os recomiendo su lectura, comprenderéis más de una cosa:



"Érase una vez un país que se creía rico. No tenía petróleo ni gas. Sus reservas minerales eran escasas y estaban casi agotadas. Su industria, mediocre y poco competitiva, porque su mano de obra no era barata. Su agricultura dependía de su regadío deficitario de agua y gran consumidor de energía. Apenas tenía teconología propia, ni investigaba lo suficiente para conseguirla. Y sin embargo, se creía rico.


También sus habitantes creían poder vivir a todo plan. Veían natural gozar de un alto nivel de vida, tener muchas prestaciones sociales, trabajar lo menos posible, cultivar el ocio como objetivo vital y tener la vida asegurada. Eran gentes que valoraban muchos sus derechos y se sentían muy poco comprometidos con sus deberes. Jamás se planteaban por qué vivían tan bien cuando la mayor parte del planeta pasaba calamidades. Y lo curioso es que no siempre había sido así. Hacía cuarenta años era un lugar modesto, de gente con alpargatas, escasas libertades y aislado del mundo. Con un trabajo ímprobo, ilusión colectiva y afán por mejorar, se había convertido en un estado moderno, desarrollado y con un alto nivel de vida. Pero, sin saber por qué, había olvidado sus orígenes y la razón de su bienestar, para pasar a creerse en la opulencia.


El país que se creía rico, actuaba como si lo fuera. Se dotó de administraciones numerosas, con coches oficiales y asesores políticos hasta en el último pueblo. La población pedía cada vez más a las arcas públicas, sin considerar que el nivel de vida no es un derecho adquirido, sino algo que hay que ganarse día a día. Parecía natural tener una sanidad de vanguardia, educación de títulos fáciles y escaso esfuerzo, mayores pensiones, protección de desempleo compatible con una economía sumergida, y servicios urbanos de primera. Pero ni siquiera los estados más ricos del mundo se permitían tales lujos. Los países son como las familias: austeros, donde todos trabajan codo con codo, ingresan más que gastan y ahorran para los momentos difíciles; muy ricos, con cuantiosos patrimonios y rentas, que viven muy bien pero evitan el despilfarro para no verse algún día en la ruina; y los que se creen pudientes sin serlo, no tienen patrimonio, pero gastan mientras haya un banco que les preste. Cuando les cortan el crédito, se acabó. Nunca volverán los días dorados, donde vivían opulentamente a cambio de nada.


El país que se creía rico había abusado del préstamo. Cualquier ciudadano conseguía un crédito, sin capacidad real de devolución, para adquirir viviendas, coches o bienes, a un precio ficticio muy superior al real. Sus fabricantes se frotaban las manos por el dineral que ganaban vendiendo caro. Y pagaban bien a sus empleados que se sentían aún más ricos, con buenos sueldos y viviendas costosas. El estado ingresaba mucho dinero de impuestos y regalaba más bienestar en prestaciones. Era una pescadilla que se mordía la cola y se encerraba en sí misma dejando a todo el mundo satisfecho con su falsa riqueza. Las grandes empresas también pedían dinero prestado para comprar otras compañías. No importaba un precio desproporcionado, total no había que poner ni un euro cuando todo era a costa del banco. Y así se sentían mucho más ricas. Remuneraban muy bien a sus ejecutivos, emprendían nuevas inversiones y se despreocupaban del riesgo que corrían.


Un día, los financieros de todo el mundo supieron que lo habían hecho muy mal, y dejaron de prestar. Realmente ya no les quedaba nada que dejar. Y el país, que actuaba como la familia modesta que dilapida los préstamos y disfruta como la cigarra, sin pensar que deberá devolverlos, se enteró una mañana del final del crédito. Tocaba apretarse el cinturón y afrontar la triste realidad de sus limitadas posibilidades. Ya nadie podía comprar casas, apartamentos ni coches. Los fabricantes no vendían, y dependían de sus empleados. La gente iba al paro y volvía su cabeza hacia el Estado pidiendo ayuda. Pero como no había ya negocios ni sueldos, tampoco se recaudaban impuestos. Ahora era Hacienda quien debía pedir préstamos.


El país que se creía rico quiere pensar que está ante una crisis pasajera. Una especie de gripe de la que pronto se levantará como si nada. Y la política, que odia disgustar al pueblo, habla de un mal general y transitorio con el que no hay que angustiarse, porque mientras dure, ahí está el Estado para mantener el nivel de vida y el bienestar del ciudadano. Un día, alguien tendrá que decir que nada volverá a ser como antes, cuando todo era un falso espejismo. Que un país no puede vivir en plan rico si no lo es, ni sus arcas públicas mantener un falso nivel de vida durante mucho tiempo. Y que le espera una larga y dura senda de trabajo, sacrificio y realismo hasta llegar a hacerse rico de verdad. Pero eso será otra historia, que por supuesto tendrá un final feliz.






lunes, 20 de junio de 2011

¿Libertad?


Suelo leer periódicos casi a diario, bien en formato digital o en papel (prefiero este último). Creo que es una muy buena costumbre que todos deberíamos tener, y de las que día a día aprendo bastantes cosas, porque no toda la enseñanza está en los libros; creo que la Prensa, además de convertirte en una persona informada (es conveniente estarlo, antes de hablar de muchos temas), contiene artículos de opinión y sabidurías de otras personas, que siempre nos enriquecen.
Tengo varios articulistas preferidos, pero uno de ellos es sin duda Miguel Ángel Mellado, que escribe en el suplemento dominical de El Mundo; de sus artículos siempre se puede sacar algo productivo. Uno de ellos, escrito hace unos años, es el que a continuación reproduzco; sencillamente impresionante:

(...)Sucedió hace unos días en Moscú. Casi ningún medio reparó en la muerte de Masha y Dasha. Hijas del chófer de Beria, gran carnicero del régimen de Stalin, tuvieron la desgracia de nacer unidas indisolublemente por la cadera, con tres piernas en total, una inútil. Con dos cabezas, dos corazones, cuatro ojos, eran dos formas de ver y sentir la misma vida. Poseían individualmente un espacio de libertad espiritual y material para amar o detestar a personas o cosas.Y, sin embargo, la decisión que Masha tomara influía sobre Dasha, y viceversa. Por ejemplo: Masha fumaba, estaba en su derecho; Dasha era fumadora pasiva. Dasha, entregada al alcohol, intentó suicidarse, pero Masha se opuso, quería vivir... El 14 de abril Masha cayó fulminada de un infarto. Aunque en un principio a Dasha se le dijo que su hermana dormía, murió 17 horas después de convivir con su otra parte cadáver, tras 53 años de suerte en común. Dasha y Masha eran la representación extrema del destino de quienes habitamos la Tierra: libres para actuar pero unidos todos por las consecuencias. Nada, pues, puede ser bueno si es malo para el de al lado. No existe libertad si sojuzga a otro, ni bienestar duradero a costa de la sangre del prójimo, sea persona o país. Como Dasha y Masha. (...)

jueves, 16 de junio de 2011

De envidias...


"El tema de la envidia es algo muy español; los españoles siempre están pensando en la envidia. Para decir que algo es bueno dicen: es envidiable". Jorge Luis Borges. (Yo creo que tiene razón).

jueves, 9 de junio de 2011

Tú eres...


"Tú eres todos los kilómetros que has recorrido. Eres cada una de las personas que has conocido.Tú eres los atardeceres que has visto, todos los lugares en los que has amanecido. Cada sabor, cada olor, cada alto en el camino. Eres cada huída y cada reencuentro. Todos los mares en los que te has bañado. Todos los caminos que has tomado, cada cerro, cada valle, cada río.Tú eres lo que has visto y lo que has vivido.
Elige bien quién te guía".